Un lienzo níveo teñido de cerezos
dos perlas adosadas en armonía bella
y una cascada que como centella
brilla cual oro e ilumina hasta los huesos.
Montículos de viva sangre rojos
que exhalan sin temor a querella
el vivo matiz de la epopeya
que resulta el bramar vivo de tus ojos.
Ímpetu salvaje y disonante
golpéame el pecho
cómo el opio extasiante.
Espíritu vivo y maltrecho
que es el del soñador,
busca el amor que se haya pertrecho.
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