La luz tenue de una mañana de diciembre filtrada por la pequeña ventana revelaba el polvo de la impresora ,y el de los libros en la estantería color rosa pálido. En el suelo de arcilla cocida se reflejaba la luz de un cielo ligeramente nublado, espejo esperpéntico, donde el relieve de la superficie de las losas deformaba las siluetas de los objetos en ella reflejados. En el ambiente había una mezcla de olores extraña, a pesar de lo bohemia de la escena había un ligero olor a pies y sudor resultado de la jornada de limpieza de la casa, luego estaba el olor a lavanda, muy cosmético por cierto, que había dejado el producto de limpieza de amoniaco, por ultimo,había un olor a hierro mojado de las vías del tren que recordaba a aquellas tardes de invierno en el campo trabajando con la azada y su olor a hierro mojado. Dentro de esta escena, frente al ordenador, había un personajillo trasnochador que tecleaba como un loco, temblando y vibrando en el alma, quejandose al mundo de su desdicha...
El pobre hombre, a pesar de encontrarse en tan bello escenario, con una mezcla de olores tan peculiar, solo podía darse cuenta de que no sabía como seguir quejándose al mundo, de que se había acabado el rollo de papel con el que se masturbaba, y de que ya no había amor en Internet, solo asco , tetas, coños y mentiras en forma de semen. El pobre personajillo no podía disfrutar de la belleza, solo masturbarse, llorar y ser sincero detrás de la pantalla. Aquel personajillo, señores, se llamaba sociedad moderna y tenía una gran foto sonriente en facebook , ropa muy limpita, y una madre que lo quería mucho.
3 dic 2011
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